KOBAYASHI-SAN CHI NO MAID DRAGON: EL AMOR DE UNA MAID

Cada mañana en la casa de Kobayashi es bastante animada, los gritos y las risas comienzan ni bien sale el sol. La dueña de casa se alista para ir a trabajar,Kanna mira la televisión antes de ir a la escuela y Tohru prepara el desayuno para las tres. Ya que la hermosa maid no necesita dormir, se pasa las noches pensando en cómo hacer feliz a Kobayashi.
 
 
Hablando de ella, antes desalir a trabajar y estando Kanna en la escuela, le pide a Tohru que cuide la casa, quien obedece con una gran sonrisa. Estando sola en el departamento, la peculiar maid se dedica a barrer, tender las camas, deambular por ahí. No puede evitar aburrirse un poco cuando no hay nadie más, podría ir a pasear, pero tiene órdenes de vigilar el departamento, cual dragón cuando custodia un castillo.
 
 
Al entrar a la habitación de su ama se sorprende por tamaño desastre, la ropa yace en el suelo, latas de cerveza están apiladas sobre la cómoda y la mesita de noche, cama no está tendida y un libro descansa sobre ella. Tohru suspira, siente un gran amor por Kobayashi, pero no puede negar que es una desordenada de primera. Va recogiendo la ropa conforme se adentra en el cuarto, introduce las latas en una bolsa y las deja en la entrada para tirarlas al terminar, toma el libro de la cama para colocarlo junto a los demás. Pero se da cuenta de que es un álbum de fotos, en el hay muchas fotos en las cuales aparece su amor platónico. La dragona se sonroja al ver las fotografías, una calentura recorre su cuerpo, es un calor diferente al fuego que expulsa de su boca. Su mano se dirige involuntariamente hacia su entrepierna, por encima del uniforme. Puede sentir que sus pezones incrementan ligeramente de tamaño, su respiración se acelera y su buen olfato percibe el olor de Kobayashi que desprende su ropa.
 
 
Kanna no llegará hasta pasado el mediodía y su ama regresa en la noche, así que se toma la libertad de acostarse sobre la desarreglada cama. Su forma humana no sólo le permite vivir sin complicaciones entre Kobayashi y el resto de su especie, también le facilita autosatisfacerse sexualmente, ya que su ama no le ayuda con esos temas. Levanta el vestido, dejando a la vista sus bien formados muslos, sus redondos glúteos y su enorme cola color esmeralda. Los dedos de Tohru se introducen en su vagina, se mueven lentamente, incrementando la velocidad gradualmente. La dragona suelta un suspiro, seguido por gemidos, su otra mano toma el álbum de fotos y sus ojos recorren las fotografías.
 
 
Los minutos pasan y la hermosa maid no cesa de juguetear con sus genitales, el dedo medio entra y sale a gran velocidad, mientras que el índice y el pulgar presionan, estiran y estimulan su clítoris. La espalda de Tohru se arquea, sus nalgas se contraen, sus piernas se estiran, sus pezones endurecen como nunca, sus gemidos se tornan más sonoros y de la comisura izquierda de sus labios cae un hilo de baba. Sin dejar de mirar las fotografías y crear lujuriosos escenarios en su mente, entrecierra los ojos, se muerde el labio inferior e introduce tres dedos al mismo tiempo en su ya empapada vagina. Los dedos entran y salen frenéticamente al ritmo de sus gemidos, usa su cola como soporte para que, junto a su espalda arqueada, se mantenga en el aire, en la posición que cree le ayuda a masturbarse con mayor comodidad.
 
 
Sus piernas se relajan, su cuerpo cae de nuevo sobre el colchón, empapando las sábanas con el fluido que sale de su vagina, ya las cambiará cuando salga de la habitación. No completamente satisfecha con la sesión de autoplacer, decide recurrir a una nueva técnica masturbatoria. Se acuesta de lado, permitiendo a su cola se mueva libremente, la cual se dobla hasta que la punta entra en contacto con su ingle. El áspero apéndice recorre entre las nalgas de su dueña, rozándoles el ano y los labios vaginales, para luego empujar el ano, entrando lentamente, centímetro a centímetro.
Nuevamente la boca de Tohru emite jadeos muy similares a los gruñidos de su forma de dragón, sus humanos dientes se convierten parcialmente en colmillos y sus hermosas pupilas degeneran en unos reptilianos ojos. Su cola se retuerce dentro de ella, explora sus entrañas, intentando entrar cada vez más profundo, forzando su ano a estirarse exageradamente conforme va recibiendo el escamoso miembro. Tohru la retira de su culo e inmediatamente repite el acto en su vagina, entrando con mucha mayor facilidad debido a lo húmeda que se encuentra.
 
 
Las pupilas de la hermosa maid recorren las fotos en las que aparece su amada Kobayashi, su rostro sonrojado muestra una pervertida sonrisa en la que muestra los semicolmillos, con su mano libre estruja sus desarrolladas tetas por turnos, pellizcándose los pezones con tal fuerza que destrozaría su cuerpo si fuese realmente humana. Puede sentir la punta de su cola chocar continuamente contra la parte superior de su útero, formándose un bulto en su abdomen difícil de ver por culpa del uniforme. Sus paredes vaginales, al igual que su ano minutos atrás, se ensanchan como las de ninguna mujer podrían soportar. Los gruñidos y jadeos de Tohru son más estridentes, aunque inconscientemente controla su volumen para evitarle problemas a su ama con los vecinos.
 
 

Corrida tras otra, la dragona se masturba sin descanso y con intensidad, la cama se sacude con violencia, incluso algunas de las tablas ya se han partido en dos. Tohru está tan concentrada en su autosatisfacción que no se percata de que la puerta principal se abre. Kobayashi ha llegado mucho antes, debido a que ese día pudo terminar rápido con sus asuntos pendientes en la oficina. La pervertida maid yace inmóvil mirando a su ama cuando ésta entra a la habitación, aún tiene la cola dentro de la vagina y el álbum de fotos en la mano. La cama está casi destrozada, empapada en fluidos y ella se encuentra en un gran problema.