FIRE EMBLEM, THE SACRED STONES: EIRIKA YA VA A LLEGAR

El ejército de Grado avanza a pasos agigantados en su intento por conquistar el mayor territorio posible. A pesar de que muchos nobles guerreros se han unido para luchar en su contra y conseguir la paz, varios de ellos han caído en batalla o, como es el caso sobre el que hablaré a continuación, terminan siendo sus rehenes y/o esclavos.
 
 
La última persona en caer ante el creciente y violento ejército es la princesa Tana, una valiente y hábil jinete pegaso que, para su desgracia, se vio acorralada por un gran número de arqueros, quienes dispararon flechas a matar contra su corcel hasta hacerlos caer al suelo. Unos soldados con hachas la despojan de su lanza, la cual usan para rematar a su querido compañero equino, luego la toman de los brazos y la arrastran hacia sus caballos.
 
 
-          A…A dónde me llevan… - pregunta la princesa, adolorida y casi sin fuerzas - …malditos…
 
 
-          Eres nuestro premio por haber ganado, jejeje – le responde uno de los enemigos.
 
 
-          Y sí que vamos a disfrutar de nuestro premio, jajaja – añade otro.
 
 
 
Acuestan a Tana sobre el lomo de uno de los animales y el grupo cabalga de regreso a su campamento. La vista de la jinete se va nublando poco a poco, el paisaje se va tornando borroso y oscuro, hasta que pierde el conocimiento.
 
 
-          ¡Arriba! – escucha la muchacha, al mismo tiempo en que un chorro de agua fría moja su rostro - ¡No pienses que vas a dormir todo el día!
 
 
Tana no sabe cuánto tiempo ha pasado, abre los ojos y, cuando su vista se acostumbra a la luz, se percata de que se encuentra dentro de una enorme carpa. Es el campamento enemigo.
 
 
-          Llevamos meses en el campo de batalla y por fin conseguimos una mujer – dice uno de los soldados de Grado, se nota en el tono de voz y la mirada su desesperación por un cuerpo femenino.
 
 
-          ¡N…No se me acerquen! – grita la princesa, lanzando patadas al aire para mantenerlos a raya.
 
 
Uno de los hombres se acerca por detrás y la sostiene de los brazos, ella forcejea pero su fuerza no es suficiente. Los demás aprovechan y se acercan para reducirla, atan sus manos con una soga para caballos y la cuelgan del techo. La princesa no tiene cómo escapar, sólo puede limitarse a mirarlos con odio.
 
 
-          ¡Hoy nos divertiremos como reyes, señores! – anuncia el que parece ser el líder del grupo, a lo que los demás vitorean.
 
 
El líder se acerca y le propina un puñetazo en el abdomen a la jinete, quien se arquea y tose por el dolor. La agarra del cabello y le levanta la cabeza, sonríe y le pasa la lengua por la mejilla.
 
 
-          Ahora eres nuestra, – le dice con un tono siniestro – eres nuestro juguete y jugaremos contigo hasta que te rompas.
 
 
Dicho eso, el soldado se baja el pantalón, su pene se encuentra semi erecto y algo sucio. Baja la cuerda para que el cuerpo de la princesa quede de rodillas en el suelo, con el rostro a la altura de su entrepierna. La sostiene por la nuca y restriega su hermoso rostro en su apestosa entrepierna, disfrutando luego de meses del cuerpo de una mujer.
 
 
Tana aguanta las ganas de vomitar, cierra los ojos y respira por la boca. Aprovechando eso, el soldado introduce su pene por completo, obligándola a chuparlo.
 
 
-          Eirika ya va a llegar – piensa la princesa, esperando que su amiga pronto aparezca en el campamento junto con sus guerreros y acabe con el enemigo.
 
 
-          ¡Ey! ¡Cuidado con los dientes, perra! – el malvado sujeto le da una bofetada y nuevamente introduce el miembro en su boca. Tana se limita a chupar con asco el pedazo de carne que se mueve sobre su lengua.
 
 
Tras unos minutos que le parecieron horas, la jinete pegaso recibe la agria corrida del líder enemigo, quien la mantiene pegada a su pelvis para asegurarse de que se trague hasta la última gota. A ella no le queda más remedio que hacerlo.
 
 
-          Esta princesita es una novata, pero no lo hace tan mal – comenta el tipo frente a él.
 
 
Otro de los hombres de Grado se aproxima a ella, se le ve ansioso. También se baja el pantalón y, a diferencia del primero, le agarra la cabeza con ambas manos y, de una fuerte estocada, le introduce el miembro hasta el fondo de la garganta. Tana puede sentir los vellos púbicos metiéndose por su nariz, los ojos le lagrimean y su cuerpo se arquea por los reflejos al haber recibido algo a tanta profundidad en su cavidad oral.
 
 
-          ¡Vamos, pequeña perra! ¡Chúpalo con más ganas! – le exige el soldado algo pasado de peso.
 
 
La abultada barriga del hombre se apoya sobre la cabeza de la princesa, quien tiene la cara hundida en la pelvis, siendo forzada a engullir el aceitoso y pestilente falo. Puede oírse cómo la jinete se atraganta, pero eso no detiene al malvado sujeto, quien se mueve de adelante hacia atrás, golpeándole la frente con la panza y la barbilla con los testículos.
 
 
Luego de algunos minutos, el segundo soldado también se corre en la boca de la hermosa princesa, también forzándola a tragar el esperma. Inmediatamente un tercero se aproxima a ella y el acto se repite. Sucede eso hasta que cada uno de los hombres de Grado ha recibido placer oral y la muchacha ya no tiene más espacio en su estómago para tanto esperma, vomitándolo luego de que el último soldado retira el miembro de su boca.
 
 
-          No lo hace mal, – comenta el último de ellos – ya irá aprendiendo con el tiempo.
 
 
-          Eirika ya va a llegar…Eirika ya va a llegar… - murmura para sí misma, conteniendo lágrimas de impotencia.
 
 
El líder del grupo tira de la soga, elevando el cuerpo de la princesa, se para detrás de ella y, haciendo a un lado su ropa interior, le mete los dedos en la vagina. Tana suelta un gemido, no de gusto, sino de incomodidad. Patalea un poco, intentando inútilmente defenderse. El soldado de Grado rasga su vestimenta, dejando las grandes tetas de la princesa a la vista de todos, manosea una de ellas mientras sus dedos de la otra mano siguen jugando con su vagina.
 
Su..Suéltame, mald… - la exigencia de Tana es interrumpida cuando el hombre saca los dedos de su vagina y se los introduce en la boca, obligándola a saborear sus propios fluidos.
 
 
La jinete le muerde los dedos, a lo que el soldado reacciona propinándole una fuerte bofetada que la deja medio aturdida. La cabeza le da vueltas, oye las voces como si proviniesen de muy lejos. Pero eso no le impide seguir sintiendo las ásperas manos apretando con descaro sus tetas y los dedos moviéndose dentro de su boca.
 
 
Por si fuera poco, el soldado suelta su pecho y baja la mano hacia su cadera, le arranca la ropa interior, dejando el terreno libre para toquetearle las nalgas. Se las aprieta, las azota y hunde los dedos en ella.
 
 
-          Resiste, - se dice a sí misma en voz baja – Eirika vendrá a ayudarte.
 
 
El soldado de Grado separa una de sus nalgas y, ya con el pantalón abajo, acerca su miembro. Lo introduce de golpe y sin ninguna contemplación por la virginal vagina de la princesa, quien suelta un alarido de dolor cuando el bloque de carne invade bruscamente su cuerpo, ensanchando sus aún no acostumbradas paredes vaginales.
 
 
-          ¡Ah! ¡Sácalo! – comienza exigiendo, pero luego comienza a suplicar - ¡Por favor, sácalo!
 
 
Los gritos de la princesa no hacen más que motivar al ruin sujeto, sólo consigue recibir embestidas más enérgicas. Tana se muerde el labio por el dolor, por sus mejillas corren lágrimas y sus jadeos son suplicantes. Las estocadas no paran hasta que el soldado eyacula dentro de la muchacha, suelta un abundante esperma acumulado durante meses.
 
 
-          Basta…por favor….basta…
 
 
Sin darle tiempo a descansar, otro toma su lugar. El hombre de Grado la abraza por la cintura y, sin piedad alguna, le incrusta del pene de un solo golpe. Tana vuelve a gritar de dolor, puede notar que ese miembro es más grueso que el anterior, hace que grite con fuerza y se tensen todos sus músculos. Las embestidas son más violentas que las de la sesión anterior, parece que ese sujeto llevaba más tiempo sin tocar a una mujer, incluso se corrió en menor tiempo.
 
 
La tercera ronda no se hace esperar, entre ruegos de la princesa, un tercer soldado la penetra con fuerza. Las embestidas son acompañadas por manoseos a sus bastante desarrolladas tetas, sus pezones son pellizcados y estirados. El hombre besa el cuello de la jinete mientras la viola sin remordimiento alguno. La corrida llega a los pocos minutos.
 
 
Así van pasando uno tras otro, hasta que llega el último en el campamento enemigo. Tana se encuentra agotada, le duele la garganta por tanto gritar y pedir que la suelten, pero le duele aún más la vagina por los bruscos ingresos de todos esos miembros. El semen cae por entre sus piernas, formando un charco a sus pies.
 
 
-          Eirika vendrá pronto… - se repite - …pronto vendrá en mi ayuda…
 
 
-          ¿Qué tanto balbuceas pequeña perra? – le pregunta riendo el líder, acercándose a ella – No me digas que crees que hemos terminado contigo.
 
 
Le da una fuerte nalgada, marcando su piel. Con un brazo la sostiene por la cintura, con el otro le separa una nalga y con movimientos de cadera ubica su nuevamente erecto falo entre sus glúteos, ejerciendo presión en su ano.
 
 
-          Te dije que eres nuestro premio por vencer. – le dice al oído con voz siniestra – Te dije que eres nuestro juguete y que jugaríamos contigo hasta romperte.
 
 
-          ¡No! ¡Por favor, no! ¡No lo metas ahí, te lo r…! – pero las súplicas llenas de pavor se interrumpen cuando, al igual que la primera vez, el soldado mete de golpe el pene, pero esta vez en su también virginal ano.